Mis Pensamientos

16. sep., 2017

Muy interesante reflexión acerca de lo perdido que nosotros padres nos sentimos muchas veces, al final, estamos intentando implantar un nuevo modelo educativo pero no sabemos, al cierto, cual es la dirección que debemos seguir. Sabemos qué es lo que no queremos, lo que no funciona, pero no sabemos qué es lo que puede funcionar. No solo ha cambiado la manera de educar, como también el modelo de la familia tradicional, la tecnología, nuestra relación entre padres y colegios, padres y sociedad. Estamos intentando cambiar y a la vez estamos más expuestos, más apuntados al juicio, más vulnerables.
Os dejo este interesante texto de autoría desconocida:

 

"Somos la primera generación de padres decididos a no  repetir con los hijos los mismos errores que pudieron haber cometido nuestros progenitores.

 Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, ahora somos los más dedicados y comprensivos, pero a la vez los más débiles e inseguros que ha dado la historia.

Lo grave es que estamos lidiando con unos niños más “igualados”, beligerantes, guerreros, conflictivos y poderosos que nunca existieron.

Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro.

Así que, somos:

La última generación en la que nuestros padres nos corrigieron y castigaron y teníamos que agradarlos y buscar su aprobación.

La primera generación que nuestros hijos nos corrigen y castigan y tenemos que buscar su aprobación.

Los últimos hijos regañados por los padres.

Los primeros padres regañados por nuestros hijos.

Los últimos que le tuvimos miedo a nuestros padres.

Los primeros que tememos a nuestros hijos.

Los últimos que crecimos bajo el mando de los padres.

Los primeros que vivimos bajo el yugo de los hijos.  

Y LO QUE ES PEOR, 

Los últimos que respetamos a nuestros padres.

Los primeros que aceptamos que nuestros hijos NO nos respeten.

 En la medida que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal.

 En efecto, antes se consideraban buenos padres a aquellos cuyos hijos se comportaban bien, obedecían sus órdenes y los trataban con el debido respeto. Y buenos hijos a los niños que eran formales y veneraban a sus padres.

 Pero en la medida en que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros hijos se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten.

 Y son los hijos quienes ahora esperan el respeto de sus padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias, sus formas de actuar y de vivir. Y que además les patrocinen lo que necesitan para tal fin.

 Como quien dice, los roles se invirtieron, y ahora son los papás quienes tienen que complacer a sus hijos para ganárselos, y no a la inversa, como en el pasado.

 Esto explica el esfuerzo que hoy hacen tantos papás y mamás por ser los mejores amigos de sus hijos y parecerles “muy cool” a sus hijos.

 Se ha dicho que los extremos se tocan, y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia sus padres, la debilidad del presente los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.

 Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van.

 Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga.

 Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores, porque vamos adelante liderándolos y no atrás cargándolos y rendidos a su voluntad.

 Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo la sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros, ni destino".

(Autor desconocido)

Para educar con inteligencia emocional y disciplina positiva, los límites son la clave para que no se nos escape de las manos. Es a través de ellos que aprenden a ajustarse a las reglas y a conocer sus posibilidades. Un niño con límites se sienten más seguros para explorar, parte fundamental del desarrollo infantil. Reglas establecidas con equilibrio entre el autoritarismo y la permisividad, con el diálogo como parte fundamental de este proceso. 

Soy Cristina Santos, coaching infantil, para padres y maestros, con especialidad en Alta Sensibilidad. 

9. feb., 2017

6 profesionales, de diferentes areas, con una motivación en común: Difundir el Rasgo de Alta Sensibilidad. Así nace un equipo, de almas sensibles y fuertes propósitos! Gracias por la oportunidad de compartir esta noche con vosotros. Y a todos que han participado llenando la sala y nuestras expectativas!

7. feb., 2017

Según investigación reciente, realizada en la Universidad de Boston, detectó que gran parte de los niños, a partir de los 4 años poseen una aversión a la injusticia en desventaja, o sea, no están dispuestos a tolerar abusos. Es una característica primitiva que compartimos con seres no humanos y otras especies sociales. A partir de los 8 años se desarrolla la aversión a la injusticia en ventaja, o sea, abro mano de lo que gano para que el otro no pierda injustamente. Es una característica humana y cultural. 

¿Sabéis que una de las características de un niño PAS es no tolerar la injusticia? Esa aversión se da tanto en desventaja y, por su alto poder de empatía, también en ventaja. Para el niño altamente sensible, el justo es lo que vale. 

Nuestros niños estarán expuestos a injusticias frecuentes, sobre todo en su relación de amistad con otros niños que, muchas veces, se quedan en la etapa de egoísmo mucho más tiempo que un niño PAS.

-Mamá, ya no quiero ser amiga de Ane. 

-¿Por qué, cariño?

-Es que siempre que me pide comparto con ella mi merienda. Pero hoy le pedí para compartir su mandarina conmigo y ella lo pelo, cogió dos trocitos que estaban malos y me dijo: "pues estos para ti"

-¿Y cómo te sentiste?

-Muy mal y no los cogí. Le dije que era injusto y no los quería y ella me dio la espalda y se marchó.

-¿Y cómo lo habías hecho si fueras tú la que tuvieras que compartir la mandarina?

-Pues cogería los dos trocitos que estaban malos, los tiraría a la basura y lo que quedaba la compartiría por la mitad. 

-¿Y qué pretendes hacer ahora? 

-Pues voy a buscar otra amiga para el recreo porque si Ane solo me da la parte mala de la mandarina, es que me va dar la parte mala de todas las cosas que compartamos. 

Tan sencillo y tan lógico y aunque su respuesta final tiene un doble sentido, que lo podemos ampliar de la manera más profunda, tiene su sentido lógico. ¿Y porque compartir momentos con una persona que solo te ofrece su parte mala?

Pero para un niño PAS su sentido de justicia no se queda ahí, donde el sencillamente puede elegir buscar otro camino, o otra compañía. Su sentido de justicia seguirá hablando alto en otros momentos de su vida que no es solo el social. También el familiar. No aceptará que su cacho de pastel sea más pequeño que el de su hermano, no tolerará que su madre le eche la bronca por algo que para él no haya quedado claro que sea su responsabilidad, no lo llevará bien que su padre critique el conductor del coche que va adelante que conduce mal porque va lento, cuando en realidad es que su padre es el que tiene demasiada prisa. Y se fijara en detalles que, hasta mismo para los adultos, son imperceptibles. Hay que tener cuidado con lo que decimos, que hacemos y cómo reaccionamos delante de ellos. 

Pero ¿dónde está el peligro su gran sentido de justicia? 

Según van creciendo y van aprendiendo a entender el mundo que hay a su alrededor, su sentido de justicia va ganando fuerza. Y en la misma proporción crece la inquietud de ¿por qué las personas actúan con injusticia? Empiezan a sentirse raros y a la vez quieren que las demás personas sean como ellos son, o por lo menos que actúen de manera justa y se van encerrando en una burbuja de protección llena de cuestionamientos. Las vueltas que da intentando entender el otro (muy común en los PASes) le puede minar la autoestima al no lograr entenderlo. También puede aislarse y preferir evitar las relaciones sociales. Es entonces cuando tenemos que actuar con mucho dialogo.

Hablarles acerca de alta sensibilidad y sus principales características puede ayudar el niño a entender que las personas son diferentes, pero que hay más personas que piensan y sienten como él lo hace. 

Quitarles el juicio, explicándoles que las personas actúan según sus características individuales y por lo que han aprendido con sus experiencias, pero que toda la acción tiene una reacción y que cuando actúan de manera equivocada, pierden oportunidades y personas importantes en la vida, pero que cada uno es responsable por sus propios actos. 

Ayudarles a respetar las personas como son. No quiere decir que tengan que admitir una injusticia, sino que decidir qué hacer con esta información, sin esperar que el otro cambie o tenga consciencia del hecho.

Intentar identificar otros niños PAS de su convivio: primos, amigos, vecinos e intentar acercarles a esta convivencia con iguales, ya que juntos disfrutaran de las mismas sensaciones y será muy sano para que no haya deficiencia en su desarrollo emocional.  

 

30. ene., 2017

Todos los niños necesitan una referencia de protección e inspiración clara. En su proceso de crecimiento buscan, muchas veces inconscientes, un modelo de inspiración para seguir. Tan claro es que los hijos muchas veces se parecen a sus padres en la manera de actuar, ya que son los principales, más cercanos y más seguros modelos que poseen.

Tener un padrón de conducta es un estimulo muy importante para el desarrollo afectivo, social y psicológico del niño, así que antes de reñirle o preocuparte de que no tiene personalidad o de que se deja llevar imitando muchas veces a sus amigos, alégrate de que tu niño está buscando su manera de encajarse en el entorno y aunque pueda parecer exageradamente pasivos, es una etapa sana en la etapa infantil.

Y aquí hemos dicho una palabra mágica: Encajarse. ¿Te suena?

Si eres Altamente Sensible o sospechas de que tu hijo lo sea y si has leído acerca de la Alta Sensibilidad, de una cosa te has dado cuenta: A los PAS, os cuesta  mucho ENCAJARSE. Aquí es donde podemos decir que este estímulo de imitar, de buscar una referencia, un modelo  de inspiración e/o protección, será un poco más intenso en los niños con alta sensibilidad.

Es importante que sepamos que ellos no eligen imitar a un amigo o apoyarse en un compañero así como elige comer la manzana y no el plátano. Es su mecanismo de defensa que le ayuda a comprender y desarrollarse en su relación con el mundo que le parece desconocido.  Muchas veces, lo que reproducen es exactamente aquello que les gustaría ser y aprovechan de esta experiencia para trabajar y conectarse con sus talentos potenciales.

Lo que si hay que estar pendiente es de que no reproduzcan comportamientos negativos, ya que sin intervención, repetir comportamientos inadecuados puede ser perjudicial para su futuro como adulto. Vigilar lo que asisten en la tele o lo que ven en las redes y también hay que observar si la referencia está creando dependencia afectiva al niño PAS, donde en esta situación es de suma importancia trabajar su alta estima cuando aún son niños, para llegar a la vida adulta con salud emocional.

Soy Cristina Santos, KidCoach con foco en alta sensibilidad Infantil.

27. sep., 2016

Somos la primera generación de padres decididos a no repetir con nuestros hijos los errores de nuestros progenitores. Y con el esfuerzo de abolir los abusos pasados, somos los padres más dedicados y comprensivos pero, por otra parte, los más tontos e inseguros que hubo en la historia.

El problema es que estamos lidiando con niños más “listos”, osados, agresivos y más poderosos que nunca.

Parece que, en nuestro intento de ser los padres que quisiéramos tener, pasamos de un extremo al otro. Así, somos la última generación de hijos que obedecieron a sus padres y la primera generación de padres que obedecen a sus hijos.

Los últimos que tuvimos miedo de los padres y los primeros a temer a nuestros hijos. Los últimos que crecieron bajo el mando de los padres y los primeros que viven bajo el yugo de los hijos. Y los que es aún peor, los últimos que respectamos nuestros padres y los primeros que aceptamos (a veces sin elección) que nuestros hijos nos falte con el respecto.

En la medida en que la permisividad sustituyó el autoritarismo, los términos de las relaciones familiares cambiaron de forma radical, para bien y para malo. Con efecto, antes se consideraba buenos padres aquellos cuyos hijos se portaban bien, obedecían a sus órdenes y les trataban con el debido respecto. Y buenos hijos, los niños que eran formales y veneraban a sus padres.

Pero, en la medida que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros hijos fueron desvaneciendo, hoy, los buenos padres son aquellos que consiguen que sus hijos os ame, aun que poco os respecte. Y son los hijos quien, ahora, esperan respecto de sus padres, pretendiendo de tal manera que respecten sus ideas, sus gustos, sus preferencias, su forma de actuar y vivir. Y, aparte de todo, que os patrocine en lo que necesitan para tal fin.

O sea: Los papeles se han invertido y ahora son los padres quien tienen que agradar a sus hijos para ganarles y no al revés, como en el pasado. Eso explica el esfuerzo que hacen hoy muchos padres para ser sus mejores amigos y darles todo. Dicen que los extremos se atraen.

Si el autoritarismo del pasado llenó los hijos de miedo de sus padres, la debilidad del presente os rellena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.

Los hijos necesitan percibir que durante la infancia, estamos a frente de sus vidas, como lideres capaces de someterles cuando no les podemos contener, de guiarles mientras no saben para donde irán. Si el autoritarismo suplanta, el permisible sofoca.

Solamente una actitud firme, respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras son pequeños, porque vamos adelante, liderándoles, y no detrás cargándoles o rendidos a su voluntad.

Y es así que evitaremos que la nueva generación se ahogue en un descontrol tedioso en lo cual está hundiendo una sociedad que parece ir a la deriva, sin parámetros y sin destino.

Los límites abrigan el individuo. Con amor ilimitado y profundo respecto.
(Texto - Mónica Monasterio)